sábado, 30 de noviembre de 2013

Desarrollo psicomotor de 2- 3 años


A partir de los 24 meses de vida, es decir, los 2 primeros años, los niños irán progresando de manera muy apresurada; ya que muchos a esta edad empiezan asistir a sala cuna,  estos avances son más significativos porque a esa edad la mayoría de los niños caminan, corren, saltan y su lenguaje ha ido aumentando en gran cantidad, al igual que sus habilidades cognitivas.

Los avances de estos niños se pueden ir evaluando de acuerdo a criterios que los mismos padres se forman, al igual que su médico pediatra.

A esta edad los niños realizan algunas actividades en el ámbito motor, como correr, subir y bajar escalones con y sin apoyo, es capaz también de traspasar obstáculos; pueden construir cosas, ordenar sus juguetes, escalar, ayudar a vestirse, desvestirse, lavarse y a bañarse, también tienen una mayor prensión pinza, lo cual les permite imitar trazos horizontales y verticales, agrupar objetos de menor a mayor o por colores, también pueden hacer bolitas de papel y comer con su propia cuchara, tapar un lápiz y copiar un circulo. Estos avances no siempre ocurren a la misma edad, ya que todos los niños tienen un desarrollo y entorno distinto y se desenvuelven de manera diferente. 


En el ámbito cognitivo, por lo general los niños repiten palabras, siguen instrucciones, nombran por si mismo algunas de las partes de su cuerpo, señalan partes de la cara en otras personas, además tienen un mayor sentido de orientación (nociones de arriba de y debajo de), utilizan frases cortas como: “dame agua”, “tengo hambre”; su lenguaje es más fluido y pueden mantener  pequeño diálogos.
Al cumplir los 3 años, la mayoría de los niños controla su esfínter, pero esto también depende de la anatomía, características y ambiente del niño.
Estas son algunas de las actividades básicas que pueden ir desarrollando los niños  a medida de su crecimiento; es muy importante recordar que no todos tienen las mismas características para tener un desarrollo similar.

Esquema explicativo



  
Señales de alerta en caso de que no desarrolle los siguientes aspectos en las diferentes áreas:

Área Motriz:

Controlar su postura y  equilibrio.
Disfrutar corriendo, podrá subir y bajar las escaleras solo, saltar con ambos pies juntos e incluso dar varios saltos seguidos en su sitio y hacia delante.
Mayor coordinación simultánea de brazos y piernas lo que le permitirá pedalear un triciclo.

En el área motora fina, el niño progresará en sus destrezas manuales, podrá ensartar cuentas pequeñas con mayor precisión, desenroscar frascos, abrochar y desabrochar. Tendrá mayor habilidad para coger el lápiz, garabatear y hacer líneas verticales y horizontales.

Área de lenguaje:

Posee un repertorio de palabras que empieza a combinarlas, empezará a construir frases de dos o tres palabras y relatará sus experiencias señalando y nombrando los objetos o personas de su entorno.
Progresivamente su lenguaje se hará más completo y fluido lo que le permitirá mantener conversaciones y realizar preguntas.

Área Cognitiva:

En este periodo, el niño ingresa a una etapa pre operacional, utiliza esquemas mentales, lo que le permite nombrar objetos o personas en ausencia de ellas, esto demuestra su capacidad de realizar una imagen mental y de evocarlas de manera verbal.
Empieza a usar su imaginación, asociar ideas, puede reconocer colores, formas y tamaños y agrupar objetos en función a estas características.

Área Socio-emocional:

Posee una conducta más sociable, acepta jugar con otros niño en “paralelo”, es decir, le gusta estar en compañía de ellos pero aún no hay una completa interacción.

Finalizando este periodo, los niños comienzan tener control de sus esfínteres y avisan para ir al baño. Con respecto a su conducta, ésta es principalmente egocéntrica, reacciona de manera desfavorable y en ocasiones con rebeldía cuando percibe algún cambio o no se le da lo que desea.

Conductas más significativas que los adultos a cargo deben desarrollar en esta etapa de la vida

¿Por qué es necesario  poner límites y establecer reglas?

· Los niños necesitan ser guiados por los adultos para que aprendan  cómo realizar  lo que desean de la manera  más adecuada.
· Es fundamental establecer reglas para fortalecer  conductas y lograr  su crecimiento personal.
· Los límites deben basarse en las necesidades de los niños.
· Lo que se limita es la conducta, no los sentimientos que la acompañan.  A un niño se le puede solicitar  que no haga alguna cosa,  pero nunca se le puede pedir que no sienta algo o impedirle una emoción o sentimiento.
· Los límites deben fijarse de manera  que no afecten el respeto y la autoestima  del niño.  Se trata de poner límites sin que el niño se sienta humillado, ridiculizado o ignorado.
· Señale la situación  problemática empleando pocas palabras.  Los sermones son poco efectivos y alteran a las personas.
· Evite calificar al niño, solamente señale el problema.
· Sea firme,  pero tranquilo.

¿Qué podemos hacer?

· Dedique el tiempo  suficiente...   Si uno está mal para enfrentar  el día, si no se lleva bien con otros miembros, si se siente presionado o si tiene temor por el día que se avecina, los niños sentirán esta tensión.
· Cuando no se respetan los límites, debe traer consecuencias. Las cuales deben ser proporcionales, directas y, en la medida  de lo posible inmediatas a la situación  que las provoca. Las consecuencias deben ser adecuadas a la situación. Esto es, que guarden una relación  natural  o lógica con la conducta  en cuestión.
· Las reglas deben establecerse de común acuerdo  entre padres e hijos, deben ser el producto de la discusión y el entendimiento.
· Es más fácil establecer disciplina cuando  la  persona responsable de los niños realmente se siente satisfecha de estar a cargo del niño, cuando  disfruta al compartir  con ellos y cuando  es capaz de respetar la necesidad  de seguridad de ellos. La disciplina da buenos resultados cuando  los adultos son firmes, observadores y afectuosos, nunca si estos se muestran superficiales. La disciplina debe ser firme pero nunca grosera, respetuosa y no hiriente, o sea debe controlar  pero nunca lastimar  al niño.
· No queremos que los niños crean que porque deseamos ser sus amigos, ellos podrán hacer lo que deseen. No queremos tampoco que nos tengan miedo. El mundo necesita gente que tenga coraje  y que sea original, no gente tímida.
· La disciplina depende en gran parte de las habilidades y de las conductas de los adultos, como también  de la capacidad  para combinar  el afecto  y el control. Esto es difícil, pues exige mucho de nosotros mismos. La buena disciplina no es solamente castigar  o lograr  que las reglas se cumplan, implica también que nos gusten los niños y que ellos se sientan aceptados y queridos por nosotros. El proveerles de reglas claras y apropiadas es sólo para su protección.
· Nuestra conducta y actitudes  afectan la conducta  de nuestros hijos. Es posible que los niños se sientan bien, pero empiezan a portarse mal si se les dirige masivamente, o se les grita, en lugar de tratarlos  como seres humanos. Los niños imitan la conducta de los adultos y si el adulto  es grosero, estos también  lo serán.
· La disciplina no es sólo una palabra, una técnica  o un conjunto  de reglas. Se requiere combinar  el afecto  con el control; además  el planear y el organizar  muy bien el espacio, como también distribuir el tiempo  disponible. El manejo de los niños debe ser gentil pero con autoridad, ofreciéndoles siempre dirección y conductas apropiadas para imitar. Los niños necesitan adultos que tengan autocontrol  y en quienes ellos puedan confiar.
· Además, debemos recordar  que el tono de voz, el uso de las manos, los gestos y las acciones pueden contribuir  a controlar problemas. Las palabras del adulto también pueden ayudar  al niño a comprender  sus sentimientos y los de otros.
“Recuerde el que su hijo (a)  estudie o no lo haga, es una cuestión  de reglas y de límites, que los padres debemos aprender  a manejar”.

Poner límites claros y adecuados a la capacidad del niño:

El grado de autocontrol  que tienen los niños depende, en gran medida, de la actitud  de los padres.  El autocontrol  como la tolerancia  al dolor se educa. Todos hemos oído casos de niño que a muy corta edad han sido operados en tantas ocasiones  que cuando  sus padres les dicen que van al hospital  cogen su osito y no muestran mayor rechazo. Con la capacidad  para tolerar  frustraciones y para auto controlar las expresiones de agrado o desagrado sucede lo mismo. Un niño puede haber aprendido que cuando  papá dice que no, esa decisión es inamovible, pero también  puede saber que se le permitirá gritar, protestar y tirarse al suelo para mostrar  frustración  sin que nadie le pare los pies. El grado de autocontrol  y de tolerancia  a la frustración está muy relacionado con la capacidad  de la familia  para hacer respetar su autoridad. La familia  tiene más razones para saber que debe poner límites claros y que sean adecuados a lo que el niño puede ofrecer.

Principios básicos para madres y madres que desean educar  bien:

1. Nosotros somos los educadores, la escuela  o colegio  sólo complementan.
2. Educar bien es enseñar  a: conocer las propias posibilidades, desear  crecer, aceptar  nuestras limitaciones y nuestras virtudes de forma sana, es enseñar  a vivir.
3. Educar bien es enseñar  a adaptarse a todas las situaciones: buenas o malas.
4. Educar no es proporcionar experiencias buenas y dejar las malas.  Es ayudarle a aprender  de ellas.
5. Para educar  bien no existen recetas, se aprende de experiencias concretas y luego se generaliza.
6. Educar es una toma de decisiones constante.
7. Nuestras decisiones están muy influidas por cómo hemos sido educados.
8. Ser conscientes de ello ayuda a educar  más sensatamente.
9. Educar bien a mi hijo (a), no es compensarle por loo que nosotros no hemos recibido en nuestra niñez.  “Los hijos no nacen con tus carencias ni necesidades, no se las crees”.
10. Debo ser consciente  de lo que me transmitieron cuando me educaron.
11. Debo educar  en el presente con perspectiva  de futuro.
12. Una mala actuación  ahora se paga con creces en el futuro.
13. No debo angustiarme.  Si no puedo, busco ayuda.
14. Para educar  bien es necesario  tener sentido  común.
15. Muchas veces necesitamos una visión  objetiva desde fuera.
16. No dudes en pedir orientación educativa aunque el problema parezca pequeño.
17. No existen los superpadres, todo el que te comente que su relación  con su hijo es perfecta, puede ser que necesite aparentar  o que no quiere ver los problemas.
18. Nada es lo mismo para un hijo que para otro.
19. Educar bien no es buscar  las mismas condiciones para todos, sino es dar a cada hijo lo que necesita.  Hacerlo así no es ser injusto, ayuda a los hijos a crecer aceptando la individualidad de cada uno.
20. Educando voy a cometer  errores.
21. No hay error que no se enmiende.
22. Puedo rectificar  sin perder  la autoridad.
23. No importa lo que sucedió en el pasado, si hay problemas hay que “tomar la situación  de  inmediato”.
24. Sé positivo.  Dile a tu hijo lo que degusta y pon un límite  a lo que no te gusta.
25. Un niño (a) es una antena  parabólica constante.  Se entera de todo, lo imita todo.  El niño aprende más de lo que ve, que de lo que decimos.
26. El mayor deseo del niño es controlar el entorno.
27. En el entorno  también  estamos nosotros.  Controlar nuestras reacciones le fascinará, incluso aunque sea a costa de que nos enfademos con él o ella.
28. El niño necesita libertad  conducida.
29. Si nosotros no ponemos límites a su conducta, lo hará él.
30. Nunca debo mentirle.  Si le enfrento a aquellas cosas que no le gustan  pero que debe aceptar, le preparo para asumir la realidad.
31. Si le miento lo haré un inmaduro  (necesitará que le disfracemos las cosas para aceptarlas) y un inseguro (si no puedo confiar  en mis padres ¿en quién puedo confiar?
32. Debo explicarle las cosas (casi siempre) y de forma breve.
33. A veces los niños necesitan un “Porque yo lo digo”.
34. Levantar castigos o encubrir  los errores sólo es sobreprotección.  Las personas sólo aprendemos de nuestros errores si vivimos las consecuencias de los mismos.     Formamos hijos inmaduros incapaces de enfrentarse a la frustración.
35. El mayor deseo de un niño es que papá y mamá estén pendientes de él.
36. La atención  que le prestamos es nuestra mejor arma.  Quién sabe cómo y cuándo  prestar atención a su hijo(a) sabe educar.

¿Cómo aumentar las conductas positivas y eliminar las negativas?

· Tenga en cuenta  que igual que usted como padre – madre puedes modificar  la conducta  de tus hijos, éstos modifican de forma intuitiva tu propia conducta.
· Las normas deben ser claras, esta bien definidas, y se adecuadas para cada niño según la edad.
· Es importante establecer diferencias entre los hermanos. De otro modo los mayores tienen la sensación de que crecer  sólo trae consigo obligaciones y no tardarán en aparecer conductas regresivas (comportamiento infantil) y, por su parte, lo pequeños no desearán crecer,  ¿para qué perder  privilegios?
· No es injusto  que un pequeño se quede, por ejemplo, sin ir a una actividad  o no pueda recibir  una bicicleta hasta tener 3 años más.  De este modo deseará crecer  y hacerse mayor como su hermano.  Hacerse mayor será deseable porque ser pequeño  no trae consigo todos los privilegios.
· No pida cosas que el niño o la niña no puede hacer.
· Cuando exija al niño, no actúe de forma contradictoria.
· Sea coherente  en la aplicación de las normas.
· Cuando se produzcan desacuerdos entre los padres sobre la forma de educar  a los niños, nunca se deben discutir delante  de ellos.
· Evite centrar  la autoridad  en un solo padre – madre.
· No delegar  la autoridad  en otro.
· No se desautorice nunca.
· No modifique los castigos (consecuencias) una vez anunciadas.
· No castigue con algo que no pueda cumplir.
· Acostúmbralo a pedir permiso.
· Cuando tengas que poner un castigo: no te alteres, por nada del mundo.

Finalmente recuerde:

Los adultos que conviven con el niño tienen que estar de acuerdo  acerca  de los límites que debe tener: qué se le permite y qué se le prohíbe.  Hay que ser cuidadoso con el castigo, porque si éste  no se lleva a cabo adecuadamente, el niño no aprenderá lo que es bueno  y malo, no fortalecerá  su moral.  Tal vez deje de hacer  lo que se le censura  por temor,  pero no por convicción.  Lo importante es que el adulto  ejerza su autoridad  de manera que le  dé la oportunidad al niño de aprender algo de la experiencia.  Ante un berrinche,  por ejemplo, se lo puede ignorar, excluir al pequeño  del grupo hasta que se calme, y explicarle que esas son las consecuencias de su acción.  Aprenderá a tener más cuidado  la próxima vez.  Se le puede invitar  a que participe  en la reposición  del daño causado, remendando el libro destruido, el juguete  quebrado, el dedo maltratado del hermano  y, por último, es importante  afirmar  que la censura  mediante  palabras o gestos es a menudo  insuficiente  para que el niño se dé cuenta  de que con su acción  ha roto el vínculo  de confianza  mutua y de solidaridad al hacer algo desagradable a los otros, si existe una fuerte relación familiar.

Desarrollo psicomotor del segundo semestre de vida

El segundo semestre de vida corresponde desde los 7 hasta los 12 meses, durante este periodo el lactante debería fortalecer y desarrollar de forma considerable las habilidades ya aprendidas en el primer semestre de su vida y experimentar importantes cambios. Los estímulos y la relación con el medio que le rodea desencadenan la adquisición de nuevas habilidades. Muchos niños, al final del primer año habrán comenzado a andar y serán capaces de decir alguna palabra.

El desarrollo psicomotor del niño de 6 a 12 meses es una de las etapas más entretenidas , ya que el niño adquiere un enorme desarrollo e interacciona mucho más con los padres, a la vez que prueba nuevos alimentos y nuevas formas de alimentarse e interaccionar con su entorno.

De hecho, uno de los hitos más importantes consiste en que a partir de los 6-7 meses el niño ya puede empezar a sentarse con lo que su capacidad de interacción con el entorno aumenta. En este tramo de edad el niño empieza a tener voluntad propia.
A partir de los 7 meses  el niño comienza a sentarse sin apoyo, alcanza objetos con un movimiento de barrido e imita sonidos como si hablara ( balbucea ), , empieza a gatear o impulsarse hacia delante, acostado boca abajo gira con facilidad hasta ponerse boca arriba, en ciertos casos también comienza a pararse sujetándose de algo, dice adiós con la mano , choca objetos entre sí, reacciona cuando dicen su nombre.

En el transcurso de los 8 y 9 meses el lactante ya  dice “ papa y mama” ( sin especificar ) cambia los objetos de mano con más facilidad, se para sujetándose a algo , gatea bien , apunta a objetos y los reconoce, comienza a combinar silabas como si fueran palabras, se para él mismo y se impulsa apoyándose en muebles para lograr desplazarse, sujeta cosas con el agarre de pinzas, con el pulgar y el índice, indica deseos con gestos.

·    Durante el décimo mes el pequeño logra sentarse solo largo rato sin apoyo, cada vez gatea mejor y ya puede ponerse de pie él solo. Así, puede desplazarse por la habitación y observarlo todo. Además, comienza a coger objetos usando la pinza digital superior (índice y pulgar), lo cual le facilita la exploración y manipulación de los objetos. A esta edad, los bebés son muy movidos y su curiosidad les lleva a investigar, tocar y coger todo lo que tienen a su alcance, bebe solo en vaso o taza. sabe meter y sacar objetos de una caja. Aplaude. Y entiende palabras simples como "adiós" , "a dormir", "dame", "toma". Coger la comida con las manos y llevársela a la boca.

·    En el siguiente mes  el lactante comenzará a tener interés por las cosas que no están a su alcance, por eso  intenta incorporarse y mantenerse en posición bípeda. A partir de aquí, se especializará en soltarse de una mano, caminar de lado, caminar de la mano de alguien, andar como los osos .Comienza a utilizar el dedo índice para meterlo en los agujeros que se encuentra, toca los detalles de los objetos con las yemas de los dedos, saca y mete objetos de recipientes. Lanza una pelota a un adulto, mete objetos en una caja, coge la cuchara por el mango, aplaude, enseña un objeto y/o se lo ofrece a un adulto, estira el pie o la mano cuando se le viste. Se tapa la cara para jugar , dice "mamá" y "papá" con sentido.
"Entiende" conceptos algo abstractos como los números 1 y 2, o "arriba" y "abajo". Puede responder a preguntas sencillas mediante signos (¿Donde está papá? ¿Donde está el patito?). Esto indica que entiende más palabras de las que puede decir.
El desarrollo motor del primer año de vida, a esta edad, suele ser en la que la mayoría de niños comienzan la aventura de caminar. Esto introduce nuevas posibilidades de percibir el mundo exterior en relación a su propio cuerpo, a los objetos y al espacio que le rodea. Además es un factor clave en el proceso de separación, el proceso de AUTONOMÍA. 
Gran progreso en la comunicación gestual y verbal. Su vocabulario va aumentando, es capaz de decir entre 5 y 10 palabras, entiende muchas órdenes y obedece algunas.
Dice adiós con la mano, imita gestos de canciones. También comienza su interés por comer como los papás, todo lo quiere probar. Comienza la dieta familiar.
En cuanto a la prensión, la realiza en tenaza (coge pequeños objetos con la yema del índice flexionado y el pulgar en oposición).-
Su rendimiento psicomotor mejorará cuando aprenda los diez principales movimientos:

·         Reptar
·         Gatear
·         Andar de pie
·         Correr
·         Saltar
·         Trepar
·         Llevar
·         Tirar
·         Empujar
·         Y lanzar

Señales de alerta.




Conductas más significativas que los adultos a cargo deben desarrollar en esta etapa de la vida

El sostén emocional

El sostén emocional es la respuesta adecuada al sentimiento universal de desamparo con el que todo bebé llega al mundo. Este sostén permite que se construya entre el bebé y las personas encargadas de su crianza un vínculo lo suficientemente fuerte como para que se den las condiciones propicias para la satisfacción de todas sus necesidades.
El sostén emocional se da en el marco de un vínculo estable, un vínculo de apego, con los cuidadores primarios. Este vínculo se establece desde el momento del nacimiento y permite construir un lazo emocional íntimo con ellos. Por estable entendemos un vínculo cotidiano y previsible, y en los primeros tiempos, con la presencia central de una o más personas que se ocupen de la crianza del bebé. La estabilidad y la previsibilidad en el vínculo con sus cuidadores le permiten al niño construir una relación de apego seguro.

La necesidad de ser sostenido emocionalmente por otro y la búsqueda e interés en la relación humana son rasgos de salud mental que el niño
manifiesta desde el comienzo de su vida.

La constitución de la regulación afectiva

En la primera infancia, el niño carece de la capacidad de regular por sí mismo sus estados emocionales y queda a merced de reacciones emocionales intensas. La regulación afectiva solo puede tener lugar en el contexto de una relación con otro ser humano. El contacto físico y emocional —acunar, hablar, abrazar, tranquilizar— permite al niño establecer la calma en situaciones de necesidad e ir aprendiendo a regular por sí mismo sus emociones.
El adulto a cargo de la crianza de un bebé debe poner en juego una capacidad empática* que le permita comprender qué es lo que necesita ese niño, que si bien aún no puede expresarse con palabras, sí se comunica a través de gestos, miradas, movimientos, llantos y sonrisas.
Las respuestas emocionales del adulto en sintonía con el estado interior del bebé generan primero un estado de corregulación afectiva o regulación diádica que lleva, unos meses más tarde, al logro de la autorregulación afectiva por parte del bebé. Esto significa, por ejemplo, que si un niño llora sin ser consolado, se encuentra solo en el aprendizaje del paso del malestar a la calma y al bienestar.
Ese bebé puede llegar a tener dificultades para autocalmarse no únicamente en sus primeros meses sino a lo largo de todo su desarrollo.

La constitución de la confianza básica

En un nivel emocional, la confianza básica* es un logro que se da como resultado de numerosas interacciones satisfactorias entre el bebé y sus cuidadores primarios. El niño que ha construido su confianza básica puede luego explorar el mundo, crecer, separarse e individuarse. La confianza se relaciona con la seguridad que un niño tiene de saber que sus cuidadores son sensibles a sus necesidades físicas y emocionales, y que van a estar disponibles si los necesita. Un niño que se siente seguro respecto de los adultos que lo cuidan no ignora los riesgos de aventurarse alejándose un tanto de ellos, pero avanza de todos modos sabiendo que tiene dónde respaldarse en caso de necesidad.
Los vínculos afectivos estables y contenedores reducen el malestar emocional y potencian los sentimientos positivos en el niño. La expectativa que tiene el niño sobre lo que se puede esperar de los demás se crea a partir de experiencias tempranas concretas de interacciones positivas y repetidas en el tiempo. Se construyen así esquemas mentales acerca de cómo es estar con el otro.

Lo interpersonal configura el mundo interno

Existen diferentes modos de estar con los otros. La representación de esas interacciones está formada por diversos elementos: sensaciones, percepciones, afectos, acciones, pensamientos y motivaciones. Esto es debido a que estas representaciones contienen todo aquello que ocurre y se registra en la experiencia vivida, y que puede formar parte de un recuerdo de estar con otro.

Un niño espera en función de lo que ya recibió. Las nuevas experiencias
son vividas a partir de estos modelos dados por experiencias anteriores.

Los modos en que los adultos se ocupan del niño, las interacciones y la comunicación con él, se internalizan y el niño construye así los modelos de sí mismo que reflejan el modo en que sus padres lo ven, imágenes transmitidas no solo en el decir sino también en el hacer con él. Una vez construidos, estos modelos de sí mismo basados en las interacciones entre el niño y sus padres tienden a persistir, y continúan operando ya a un nivel inconsciente.
Así, las experiencias emocionales del niño con su familia permiten que él construya la capacidad de pensar el mundo que lo rodea y pensarse a sí mismo, es decir, construir su propio aparato psíquico, que se va a ir desarrollando hasta que logre ser alguien diferenciado como individuo e integrado a la sociedad.

Imágenes



A continuación le mostraremos un video de estimulación para el desarrollo psicomotriz en niños de 7 a 12 meses.



sábado, 23 de noviembre de 2013

Principales aspectos del desarrollo psicomotor (percepción, motricidad y cognición) del primer semestre de vida.

Los principales aspectos del desarrollo psicomotor en los primeros seis meses de vida son los siguientes:

El bebé  normalmente tiende a adoptar una postura asimétrica inestable,  la cual hace que los movimientos que realice sean en masa y no se logren diferenciar, esto se produce por causa de sus reflejos, los que aún son bastantes básicos ya que se encuentran en proceso de desarrollo, la cabeza del recién nacido se encuentra la mayoría de las veces girada a un lado y no tiene fijación ni orientación óptica (no domina bien el movimiento de sus ojos), ni mucho contacto con su entorno.  Durante los siguientes días  y semanas este continua evolucionando y comienza a tener sus primeros movimientos más libres, ejemplo los pataleos, suelta sus pulgares, es capaz de llevarse la mano a la boca comienza a expresar sus estados anímicos, luego comienza a moldear una postura más simétrica y estable, será capaz de apoyar sus codos  y realiza movimientos dorsales en su columna y movimientos en sus caderas. En cuanto a su visión, también va progresando y es capaz de seguir un objeto.

Luego de tres meses  logran tener una postura más estable, partiendo desde su cabeza, pueden jugar en una sola posición, también logran tener una mayor coordinación mano boca y se están preparando para la prensión (movimientos que requieren una mayor precisión) sin embargo los objetos  por ahora son solo tocados, mas tarde y siempre cuando estos se encuentren cerca  serán tomados. Su cabeza ya logra moverse libremente, fijando la mirada en objetos sin mover aun el tronco, sus pies se juntan y comienzan sus primeros movimientos de los dedos, también comienza lo que llamamos relación boca- manos- pies.

Una vez cumplido los cuatro meses y medio ya son capaces  de extender y rotar la columna, de diferenciar los movimientos de sus miembros superiores e inferiores y de integrar ambos lados del cuerpo, lo que le ayudará para lograr un futuro giro,  también a esta edad los bebés logran tomar objetos que se encuentran a su alrededor, logrando una interacción activa con su entorno.

Ya a los cinco meses logra apoyarse momentáneamente en sus manos observando los objetos desde arriba, cambia  los objetos de una mano a la otra y coordina sus manos con otras extremidades o partes del cuerpo, presenta un aumento en su salivación al tomar o interactuar con un objeto, comenzando los seis meses de vida el lactante comienza a apoyarse con sus manos abiertas y desplegadas, con codos extendidos y con ayuda de sus muslos, su postura ya es más estable y comienza a balancearse con el apoyo de sus rodillas, durante estos seis meses comienza a dominar sus giros con enderezamiento lateral de cabeza y realiza movimientos rotatorios de mandíbula  y de masticación, logra una extensión completa de la columna lo que le permite interactuar activamente explorando objetos con sus manos.





Señales de alerta: 
Primer mes: si no succiona la leche materna, no reacciona frente a ruidos y no fija su mirada.

Segundo mes:  se torna irritable, no tiene expresión facial (no se rie), poca presión con el pulgar, frente a cualquier ruido reacciona de una forma exagerada.
                            
                           
Tercer mes: no logra sostener su cabeza, no le interesan los ruidos, no fija la mirada en objetos con y sin movimiento.
                          

Cuarto mes: no puede rotar el tórax ni la columna, se muestra pasivo, no logra tomar objetos con sus manos ya que la mayoría de las veces la tiene cerradas..
                     

Quinto mes: no se apoya con sus manos, no se concentra en un objeto, no reacciona ante sonidos, no aumenta su salivación al tomar o interactuar con objetos.

Sexto mes: no balbucea, capaz de tomar objetos y explorarlos con a boca, no se sienta.


Recomendaciones:

No todos los niños tienen las mismas características psicomotoras, en algunos/as es más notorio su avance o retroceso en el tiempo,   ya que hay distintos factores que influyen en este proceso.
Si su hijo/a no desarrolla aún las características nombradas anteriormente, es recomendable llevarlo a un especialista que lo evalúe y le entregue un diagnostico.
Según el diagnostico entregado por el especialista, se podrán saber cual/es son las áreas deficientes donde se tendrá que enfocar mayormente la estimulación.

Esquema explicativo:







A continuación presentaremos un video que tiene como objetivo principal dar a conocer ejercicios de estimulación psicomotriz, para niños/as de 0 a 6 meses, práctico y fácil de llevar a cabo.




El bebé necesita establecer un vínculo afectivo que le permita crecer seguro.
No todos sienten o actúan de la misma forma ante el hecho de ser padre o madre, por esto La seguridad con la que se afronta este papel va a ser crucial para que esta experiencia se viva con plenitud y sea enriquecedora.

A continuación daremos algunas indicaciones de las conductas más significativas que los adultos a cargo deben desarrollar en esta etapa de la vida.

Según el manual de estimulación temprana del SENAME hay distintos tipos de contacto con los cuidadores que benefician enormemente al infante los cuales son:








El contacto fisico afectivo












                                                                                                




  El contacto visual















                                                                                       




Vocalizaciones












                                                                                                   
Juegos interactivos












                                                                                                           







 Apego