sábado, 30 de noviembre de 2013

Desarrollo psicomotor de 2- 3 años


A partir de los 24 meses de vida, es decir, los 2 primeros años, los niños irán progresando de manera muy apresurada; ya que muchos a esta edad empiezan asistir a sala cuna,  estos avances son más significativos porque a esa edad la mayoría de los niños caminan, corren, saltan y su lenguaje ha ido aumentando en gran cantidad, al igual que sus habilidades cognitivas.

Los avances de estos niños se pueden ir evaluando de acuerdo a criterios que los mismos padres se forman, al igual que su médico pediatra.

A esta edad los niños realizan algunas actividades en el ámbito motor, como correr, subir y bajar escalones con y sin apoyo, es capaz también de traspasar obstáculos; pueden construir cosas, ordenar sus juguetes, escalar, ayudar a vestirse, desvestirse, lavarse y a bañarse, también tienen una mayor prensión pinza, lo cual les permite imitar trazos horizontales y verticales, agrupar objetos de menor a mayor o por colores, también pueden hacer bolitas de papel y comer con su propia cuchara, tapar un lápiz y copiar un circulo. Estos avances no siempre ocurren a la misma edad, ya que todos los niños tienen un desarrollo y entorno distinto y se desenvuelven de manera diferente. 


En el ámbito cognitivo, por lo general los niños repiten palabras, siguen instrucciones, nombran por si mismo algunas de las partes de su cuerpo, señalan partes de la cara en otras personas, además tienen un mayor sentido de orientación (nociones de arriba de y debajo de), utilizan frases cortas como: “dame agua”, “tengo hambre”; su lenguaje es más fluido y pueden mantener  pequeño diálogos.
Al cumplir los 3 años, la mayoría de los niños controla su esfínter, pero esto también depende de la anatomía, características y ambiente del niño.
Estas son algunas de las actividades básicas que pueden ir desarrollando los niños  a medida de su crecimiento; es muy importante recordar que no todos tienen las mismas características para tener un desarrollo similar.

Esquema explicativo



  
Señales de alerta en caso de que no desarrolle los siguientes aspectos en las diferentes áreas:

Área Motriz:

Controlar su postura y  equilibrio.
Disfrutar corriendo, podrá subir y bajar las escaleras solo, saltar con ambos pies juntos e incluso dar varios saltos seguidos en su sitio y hacia delante.
Mayor coordinación simultánea de brazos y piernas lo que le permitirá pedalear un triciclo.

En el área motora fina, el niño progresará en sus destrezas manuales, podrá ensartar cuentas pequeñas con mayor precisión, desenroscar frascos, abrochar y desabrochar. Tendrá mayor habilidad para coger el lápiz, garabatear y hacer líneas verticales y horizontales.

Área de lenguaje:

Posee un repertorio de palabras que empieza a combinarlas, empezará a construir frases de dos o tres palabras y relatará sus experiencias señalando y nombrando los objetos o personas de su entorno.
Progresivamente su lenguaje se hará más completo y fluido lo que le permitirá mantener conversaciones y realizar preguntas.

Área Cognitiva:

En este periodo, el niño ingresa a una etapa pre operacional, utiliza esquemas mentales, lo que le permite nombrar objetos o personas en ausencia de ellas, esto demuestra su capacidad de realizar una imagen mental y de evocarlas de manera verbal.
Empieza a usar su imaginación, asociar ideas, puede reconocer colores, formas y tamaños y agrupar objetos en función a estas características.

Área Socio-emocional:

Posee una conducta más sociable, acepta jugar con otros niño en “paralelo”, es decir, le gusta estar en compañía de ellos pero aún no hay una completa interacción.

Finalizando este periodo, los niños comienzan tener control de sus esfínteres y avisan para ir al baño. Con respecto a su conducta, ésta es principalmente egocéntrica, reacciona de manera desfavorable y en ocasiones con rebeldía cuando percibe algún cambio o no se le da lo que desea.

Conductas más significativas que los adultos a cargo deben desarrollar en esta etapa de la vida

¿Por qué es necesario  poner límites y establecer reglas?

· Los niños necesitan ser guiados por los adultos para que aprendan  cómo realizar  lo que desean de la manera  más adecuada.
· Es fundamental establecer reglas para fortalecer  conductas y lograr  su crecimiento personal.
· Los límites deben basarse en las necesidades de los niños.
· Lo que se limita es la conducta, no los sentimientos que la acompañan.  A un niño se le puede solicitar  que no haga alguna cosa,  pero nunca se le puede pedir que no sienta algo o impedirle una emoción o sentimiento.
· Los límites deben fijarse de manera  que no afecten el respeto y la autoestima  del niño.  Se trata de poner límites sin que el niño se sienta humillado, ridiculizado o ignorado.
· Señale la situación  problemática empleando pocas palabras.  Los sermones son poco efectivos y alteran a las personas.
· Evite calificar al niño, solamente señale el problema.
· Sea firme,  pero tranquilo.

¿Qué podemos hacer?

· Dedique el tiempo  suficiente...   Si uno está mal para enfrentar  el día, si no se lleva bien con otros miembros, si se siente presionado o si tiene temor por el día que se avecina, los niños sentirán esta tensión.
· Cuando no se respetan los límites, debe traer consecuencias. Las cuales deben ser proporcionales, directas y, en la medida  de lo posible inmediatas a la situación  que las provoca. Las consecuencias deben ser adecuadas a la situación. Esto es, que guarden una relación  natural  o lógica con la conducta  en cuestión.
· Las reglas deben establecerse de común acuerdo  entre padres e hijos, deben ser el producto de la discusión y el entendimiento.
· Es más fácil establecer disciplina cuando  la  persona responsable de los niños realmente se siente satisfecha de estar a cargo del niño, cuando  disfruta al compartir  con ellos y cuando  es capaz de respetar la necesidad  de seguridad de ellos. La disciplina da buenos resultados cuando  los adultos son firmes, observadores y afectuosos, nunca si estos se muestran superficiales. La disciplina debe ser firme pero nunca grosera, respetuosa y no hiriente, o sea debe controlar  pero nunca lastimar  al niño.
· No queremos que los niños crean que porque deseamos ser sus amigos, ellos podrán hacer lo que deseen. No queremos tampoco que nos tengan miedo. El mundo necesita gente que tenga coraje  y que sea original, no gente tímida.
· La disciplina depende en gran parte de las habilidades y de las conductas de los adultos, como también  de la capacidad  para combinar  el afecto  y el control. Esto es difícil, pues exige mucho de nosotros mismos. La buena disciplina no es solamente castigar  o lograr  que las reglas se cumplan, implica también que nos gusten los niños y que ellos se sientan aceptados y queridos por nosotros. El proveerles de reglas claras y apropiadas es sólo para su protección.
· Nuestra conducta y actitudes  afectan la conducta  de nuestros hijos. Es posible que los niños se sientan bien, pero empiezan a portarse mal si se les dirige masivamente, o se les grita, en lugar de tratarlos  como seres humanos. Los niños imitan la conducta de los adultos y si el adulto  es grosero, estos también  lo serán.
· La disciplina no es sólo una palabra, una técnica  o un conjunto  de reglas. Se requiere combinar  el afecto  con el control; además  el planear y el organizar  muy bien el espacio, como también distribuir el tiempo  disponible. El manejo de los niños debe ser gentil pero con autoridad, ofreciéndoles siempre dirección y conductas apropiadas para imitar. Los niños necesitan adultos que tengan autocontrol  y en quienes ellos puedan confiar.
· Además, debemos recordar  que el tono de voz, el uso de las manos, los gestos y las acciones pueden contribuir  a controlar problemas. Las palabras del adulto también pueden ayudar  al niño a comprender  sus sentimientos y los de otros.
“Recuerde el que su hijo (a)  estudie o no lo haga, es una cuestión  de reglas y de límites, que los padres debemos aprender  a manejar”.

Poner límites claros y adecuados a la capacidad del niño:

El grado de autocontrol  que tienen los niños depende, en gran medida, de la actitud  de los padres.  El autocontrol  como la tolerancia  al dolor se educa. Todos hemos oído casos de niño que a muy corta edad han sido operados en tantas ocasiones  que cuando  sus padres les dicen que van al hospital  cogen su osito y no muestran mayor rechazo. Con la capacidad  para tolerar  frustraciones y para auto controlar las expresiones de agrado o desagrado sucede lo mismo. Un niño puede haber aprendido que cuando  papá dice que no, esa decisión es inamovible, pero también  puede saber que se le permitirá gritar, protestar y tirarse al suelo para mostrar  frustración  sin que nadie le pare los pies. El grado de autocontrol  y de tolerancia  a la frustración está muy relacionado con la capacidad  de la familia  para hacer respetar su autoridad. La familia  tiene más razones para saber que debe poner límites claros y que sean adecuados a lo que el niño puede ofrecer.

Principios básicos para madres y madres que desean educar  bien:

1. Nosotros somos los educadores, la escuela  o colegio  sólo complementan.
2. Educar bien es enseñar  a: conocer las propias posibilidades, desear  crecer, aceptar  nuestras limitaciones y nuestras virtudes de forma sana, es enseñar  a vivir.
3. Educar bien es enseñar  a adaptarse a todas las situaciones: buenas o malas.
4. Educar no es proporcionar experiencias buenas y dejar las malas.  Es ayudarle a aprender  de ellas.
5. Para educar  bien no existen recetas, se aprende de experiencias concretas y luego se generaliza.
6. Educar es una toma de decisiones constante.
7. Nuestras decisiones están muy influidas por cómo hemos sido educados.
8. Ser conscientes de ello ayuda a educar  más sensatamente.
9. Educar bien a mi hijo (a), no es compensarle por loo que nosotros no hemos recibido en nuestra niñez.  “Los hijos no nacen con tus carencias ni necesidades, no se las crees”.
10. Debo ser consciente  de lo que me transmitieron cuando me educaron.
11. Debo educar  en el presente con perspectiva  de futuro.
12. Una mala actuación  ahora se paga con creces en el futuro.
13. No debo angustiarme.  Si no puedo, busco ayuda.
14. Para educar  bien es necesario  tener sentido  común.
15. Muchas veces necesitamos una visión  objetiva desde fuera.
16. No dudes en pedir orientación educativa aunque el problema parezca pequeño.
17. No existen los superpadres, todo el que te comente que su relación  con su hijo es perfecta, puede ser que necesite aparentar  o que no quiere ver los problemas.
18. Nada es lo mismo para un hijo que para otro.
19. Educar bien no es buscar  las mismas condiciones para todos, sino es dar a cada hijo lo que necesita.  Hacerlo así no es ser injusto, ayuda a los hijos a crecer aceptando la individualidad de cada uno.
20. Educando voy a cometer  errores.
21. No hay error que no se enmiende.
22. Puedo rectificar  sin perder  la autoridad.
23. No importa lo que sucedió en el pasado, si hay problemas hay que “tomar la situación  de  inmediato”.
24. Sé positivo.  Dile a tu hijo lo que degusta y pon un límite  a lo que no te gusta.
25. Un niño (a) es una antena  parabólica constante.  Se entera de todo, lo imita todo.  El niño aprende más de lo que ve, que de lo que decimos.
26. El mayor deseo del niño es controlar el entorno.
27. En el entorno  también  estamos nosotros.  Controlar nuestras reacciones le fascinará, incluso aunque sea a costa de que nos enfademos con él o ella.
28. El niño necesita libertad  conducida.
29. Si nosotros no ponemos límites a su conducta, lo hará él.
30. Nunca debo mentirle.  Si le enfrento a aquellas cosas que no le gustan  pero que debe aceptar, le preparo para asumir la realidad.
31. Si le miento lo haré un inmaduro  (necesitará que le disfracemos las cosas para aceptarlas) y un inseguro (si no puedo confiar  en mis padres ¿en quién puedo confiar?
32. Debo explicarle las cosas (casi siempre) y de forma breve.
33. A veces los niños necesitan un “Porque yo lo digo”.
34. Levantar castigos o encubrir  los errores sólo es sobreprotección.  Las personas sólo aprendemos de nuestros errores si vivimos las consecuencias de los mismos.     Formamos hijos inmaduros incapaces de enfrentarse a la frustración.
35. El mayor deseo de un niño es que papá y mamá estén pendientes de él.
36. La atención  que le prestamos es nuestra mejor arma.  Quién sabe cómo y cuándo  prestar atención a su hijo(a) sabe educar.

¿Cómo aumentar las conductas positivas y eliminar las negativas?

· Tenga en cuenta  que igual que usted como padre – madre puedes modificar  la conducta  de tus hijos, éstos modifican de forma intuitiva tu propia conducta.
· Las normas deben ser claras, esta bien definidas, y se adecuadas para cada niño según la edad.
· Es importante establecer diferencias entre los hermanos. De otro modo los mayores tienen la sensación de que crecer  sólo trae consigo obligaciones y no tardarán en aparecer conductas regresivas (comportamiento infantil) y, por su parte, lo pequeños no desearán crecer,  ¿para qué perder  privilegios?
· No es injusto  que un pequeño se quede, por ejemplo, sin ir a una actividad  o no pueda recibir  una bicicleta hasta tener 3 años más.  De este modo deseará crecer  y hacerse mayor como su hermano.  Hacerse mayor será deseable porque ser pequeño  no trae consigo todos los privilegios.
· No pida cosas que el niño o la niña no puede hacer.
· Cuando exija al niño, no actúe de forma contradictoria.
· Sea coherente  en la aplicación de las normas.
· Cuando se produzcan desacuerdos entre los padres sobre la forma de educar  a los niños, nunca se deben discutir delante  de ellos.
· Evite centrar  la autoridad  en un solo padre – madre.
· No delegar  la autoridad  en otro.
· No se desautorice nunca.
· No modifique los castigos (consecuencias) una vez anunciadas.
· No castigue con algo que no pueda cumplir.
· Acostúmbralo a pedir permiso.
· Cuando tengas que poner un castigo: no te alteres, por nada del mundo.

Finalmente recuerde:

Los adultos que conviven con el niño tienen que estar de acuerdo  acerca  de los límites que debe tener: qué se le permite y qué se le prohíbe.  Hay que ser cuidadoso con el castigo, porque si éste  no se lleva a cabo adecuadamente, el niño no aprenderá lo que es bueno  y malo, no fortalecerá  su moral.  Tal vez deje de hacer  lo que se le censura  por temor,  pero no por convicción.  Lo importante es que el adulto  ejerza su autoridad  de manera que le  dé la oportunidad al niño de aprender algo de la experiencia.  Ante un berrinche,  por ejemplo, se lo puede ignorar, excluir al pequeño  del grupo hasta que se calme, y explicarle que esas son las consecuencias de su acción.  Aprenderá a tener más cuidado  la próxima vez.  Se le puede invitar  a que participe  en la reposición  del daño causado, remendando el libro destruido, el juguete  quebrado, el dedo maltratado del hermano  y, por último, es importante  afirmar  que la censura  mediante  palabras o gestos es a menudo  insuficiente  para que el niño se dé cuenta  de que con su acción  ha roto el vínculo  de confianza  mutua y de solidaridad al hacer algo desagradable a los otros, si existe una fuerte relación familiar.

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